jueves, 8 de mayo de 2014

Les mots basses: dos

El  metro es un mapamundi. Con caras. Caras que tienen ojos, que no se detienen en nada. Basilantes entre puntos ciegos. Hacia el frente, (mejor que hacia abajo). 
Abbesses, escalera caracola infinita. Aprovecho la espera del ascensor para soltar mi mano y, de paso, esquivar los cerca de 200-300 escalones? No sabría decir.
En algunos metros las puertas son manuales. Llegó el ascensor, nunca vi uno tan grande. Busco y al fin encuentro: capacidad máxima 100 pers-7500 Kg. Agradezco que seamos 15.
Place de Abbesses. En la superficie me recibe el campanario de una Iglesia de la que no sé el nombre, pero suele evitar que me pierda 2 cuadras antes de llegar a casa. En el medio, una tienda vintage que siempre retrasa mi llegada, sea a dónde sea que vaya. Mi cabeza modeló varios sombreros. Nos reímos con el vendedor. Continué, derechito y sin mirar a los costados para al fin llegar al 13 y su puerta verde.
Subí los 2 pisos cantando algo que ahora no recuerdo. 
-Cous-cous. Saucisses. Fried oeuf-

Les mots basses: uno

Sí, lo hizo.

Desde que la vio lista para salir, lo pensó.

Caminando atrás de ella, a pasos cortos, ruidosos, de taquitos de institutriz,

mordiéndose el labio para no...



Esperando el subte, de frente a ella, a centímetros no más.

Sin poder pasarle la mano por la cintura para traerla más.

Y ¿por qué?, ¿quién te dice?, ¿Quién te frena?, ¿Ella o vos?

Ella es, se desliza, por y para ella, y vos lo odias.

También lo envidias,

qué más quisieras.

¿No te serviría ahora?

Si es sólo eso... sea quién sea quien mande.




Y en algún minuto del día, me miró y nos reímos, de mi, pegadas en los strapontins de la línea 9, me deslice, yo también, con la mano por su mejilla y -lo hizo-. Mientras seguíamos tentadas. Son lindos también así, a veces algo torpes y espásticos, pero son eso. ¿Qué más querés? Nada.

Trocadero, combina con M6.

Espera hasta el último segundo antes que el  metro parta.

Lo hace ella también.




¿Qué más querían?

sábado, 3 de mayo de 2014

Coulommiers

Adoquines en abanico. Oscurece. París sigue apagada, son casi las nueve. En cada esquina, mirando a cualquier dirección: cúpulas, monumentos, puentes, Sena, en cada esquina un barcito, mesitas redondas, encabezadas con dos sillas que se chocan, esperando dos amigos, amores pasajeros que se escapan del frío. Aromas que despiertan el apetito a cada paso, a cada boulangerie, eclaires, pain au chocolat, macarons… arte. Los adoquines nos gastan las suelas, nos atemporalizan, nos deslizamos por ellos sin rumbo, llegando siempre a destino. De Anvers a Charles de Gaulle-Etoile. Cinco horas. Pies cansados. Charles de Gaulle-Etoile a Nation. De Nation a Anvers.

13, rue de Steinkerque.
Cebollas caramelizadas.
Película boba para después de cenar.









Es así, en estos días, que este es MI chemin.

Cave

Mejillas rojas, porcelana. Calientes.
 De vino, de canción. 
Adrenalina. 
Volver arriba
. Como antes, nerviosa en la primera estrofa.
 Plena después. 

La letra vuela. 
Se termina. 
No escucho aplausos; pero están. 
En el medio disfruté pocos rostros. 
Una noche. Casualidad. 
Un escenario de otro.
 Invitación.
Mi canción, la de todos.
 Indescriptible emoción. 


Sed... de vivir así, de hacer la vida canción, de ser con mi
 voz.